domingo, 29 de abril de 2012

Felicidad condicionada

Con su inconfundible humor Groucho Marx, dijo una vez:

"Por supuesto que hay cosas más importantes que el dinero, pero cuestan tanto…"

Realmente el dinero es importante, y seríamos hasta cierto punto insensatos si no le diéramos importancia, ya que en la sociedad en la que vivimos es la moneda de cambio para acceder a servicios y bienes de primera necesidad, pero quizás caemos más de la cuenta en que "el árbol no nos deje ver el bosque".

Vivimos en una sociedad capitalista movida por el dinero, directa o indirectamente, de forma explícita o velada... El dinero es el combustible de la ambición humana, el medio que nos permite acceder a una serie de posesiones o servicios que en teoría me van a permitir vivir más cómodamente. El problema es cuando el medio se convierte en el fin, y el poseer en un objetivo programado en nuestra cabeza de forma férrea, muchas veces inducido desde intereses externos.

No nos equivoquemos, la ambición no es necesariamente mala, nos hace evolucionar... nos hizo salir de la caverna para vivir "mejor"... ha conseguido aumentar nuestra esperanza de vida (o recortarla drásticamente, según el caso...) y siempre es bonito tener ilusión por algo, mientras esa ilusión no se torne en obsesión.

Alguien dijo que "nada es tan bueno como resulta serlo una vez que lo consigues". Aquello que anhelamos siempre parece envuelto en un halo especial... un brillo magnífico... una magia maravillosa que promete darnos la felicidad en cuanto lo consigamos... pero la magia y la ilusión se rompen... y la felicidad nos dura un instante más o menos largo según el caso, pero bastante finito al fin y al cabo (como mucho, lo que tardamos en fijarnos en el nuevo modelo del vecino que aparenta despedir una magia aún mejor...).

En contraposición a esto último está el hecho de que, además, no solemos apreciar las cosas hasta que las perdemos, con lo cual, parecemos estar condenados a no ser felices, fruto de una cruel insatisfacción crónica que condiciona mi "felicidad", en forma de ilusión hacia lo que no tengo sin saber valorar lo que ya tengo.

Valorar las cosas en perspectiva, en su justa medida


¿Cuantas veces hemos hecho un regalo a un niño que ha terminado apreciando más el envoltorio que el propio juguete?

¿No será que todo es mucho más simple y tan solo lo complicamos ? Quizás nos fijamos y volcamos de forma sistemática nuestra atención en aquello que no la merece... volvemos nuestra atención hacia el lugar equivocado, buscamos la felicidad fuera de nosotros mismos, postergándola indefinidamente a cuando tenga o sea "noséqué"... en lugar de ser feliz ya... ahora mismo, con lo que soy y con lo que tengo.

Sin duda, para muchas cuestiones, deberíamos volver a ser niños... disfrutando el momento, siendo felices simplemente por el hecho de estar aquí y nos sonrían.

Quizás tendríamos que plantearnos aprender a disfrutar las cosas en su justa medida. Antonio Gala dijo una vez:

"La felicidad es darse cuenta que nada es demasiado importante."

Puedo disfrutar mi coche, mi casa, etc... y tengo derecho a tenerlos si puedo permitírmelo y me lo merezco, sin sentirme culpable y disfrutándolos de verdad... pero viviendo el momento.... en su contexto, como "cosas imperfectas" que son... conscientes de su limitación, dentro de un rumbo vital concreto, procurando no caer en la tentación de deambular constantemente en busca de pequeñas píldoras de efímera e irreal "felicidad" que me hacen dependiente de la contínua sensación de poseer.

Posiblemente la gracia del asunto esté en saber establecer el orden de valores correcto que permitan orientar de forma global nuestros anhelos, y aquí quizás puedan ayudar preguntas como: ¿En qué pensamos más... en nuestro coche o en nuestra pareja...? ¿Qué anhelamos para nuestro futuro... dinero, comodidad y posición social o salud...? ¿Qué nos gusta más... un cálido abrazo o un chuletón de ternera...? ¿Qué quiero hacer en mi vida...? Al fin y al cabo...

"Felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace". (Jean Paul Sartre)

2 comentarios:

  1. Las necesidades más allá de las meramente biológicas, nos las creamos nosotros mismos...

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