miércoles, 7 de noviembre de 2012

Jugar a juzgar

Cuan fácil es tomar partido en los problemas ajenos o dictaminar sobre los defectos de otro. Decidir qué es bueno y qué es malo... elevar hasta los altares a un nuevo héroe o declarar un nuevo villano, amigo o enemigo de ciertos intereses más o menos mayoritarios.

Qué rápida se mueve la materia gris cuando se trata de emitir un juicio sobre otros... y qué lenta o inmóvil permanece ante el ejercicio de la autocrítica.

Jueces, y si pudiéramos... verdugos


Vemos a personas indignadas y alteradas por asuntos de dudosa trascendencia, rasgándose las vestiduras, llenos de odio, con la ira apoderándose de ellos a través de sus ojos... dando "magistrales lecciones morales" a través de esa ventana velada al mundo que es la televisión (el mundo que nos quieren convencer que debe ser), víctimas de un ego tan henchido que vuelve opaco su juicio.


Cómo nos dejamos llevar por las palabras que dejan flotar en el ambiente... como nos gusta discutir y juzgar... (más si llevamos razón, o creemos llevarla...) y qué difícil es quitarle a alguien la etiqueta cuando se le coloca.

Qué convencidos estamos de la verdad (nuestra verdad, por supuesto) y qué clara creemos verla... llegamos en ocasiones hasta la violencia por "defenderla" (¿ego? ¿interés de algún tipo...?). Como si la verdad necesitara de paladines... ¿qué verdad? me pregunto.

Tratamos de convertir "nuestra verdad" en la causa de los demás. Así nos va...

Prejuicios, origen de la incompatibilidad inexistente


Un proverbio reza:

‎"Antes de juzgar a alguien, camina una milla en sus zapatos."

¿Conocemos realmente cada persona o situación que nos invita a ser juzgada? ¿Sabemos realmente de lo que hablamos, o simplemente creemos saberlo...? Nuestra agudeza mental se afina hasta límites insospechados cuando se trata de sacar conclusiones con mínimos parámetros de información. Enseguida creemos saber "lo suficiente"... será por el carácter creativo de la mente... Pero qué lástima que se invierta dicha creatividad de forma tan poco constructiva.

Como dice Eduard Punset... "¿Puedes demostrar lo que dices...?" ¿o simplemente lo has oído por ahí...? Sólo hace falta querer creer algo para ser convencidos fácilmente (mitos, impresiones, prejuicios, partidismo, etc...).

Llevamos mucho lastre mental y éste nos condiciona, nos hace perder el norte de vez en cuando. Quizás necesitamos cuestionarnos lo que creemos saber más a menudo... procurar informarnos y documentarnos de algo lo suficiente como para poder generar ideas bien fundamentadas. Abrir la mente... desintoxicarnos mental e ideológicamente si queremos aspirar a tener buen juicio, y no solo prejuicio.

"El fascismo se cura leyendo y el racismo se cura viajando."

La primera impresión


Dicen que la primera impresión es importantísima al conocer a alguien. Te la juegas...  porque tendemos a encajonar a la gente nada más transcurridos los primeros instantes... como un pequeño resorte que salta de forma involuntaria.

Nos encanta poner etiquetas. Lo etiquetamos todo... y sobre todo, no somos para nada pacientes (no lo somos, ni con nosotros mismos...). Como le pongamos los puntos a alguien... la lleva clara...

"Todo lo que te molesta de otros seres, es solo una proyección de lo que no has resuelto de ti mismo."

Con algunas personas conectamos rápidamente,
con otras... no tanto
Los mecanismos de la compatibilidad social son curiosos. Posiblemente las personas con las que más predisposición tenemos a una buena relación simplemente son aquellas que no nos recuerdan con su actitud nuestros propios defectos, más allá de las que atesoran grandes virtudes, ya que quizás se corre el riesgo de generar alguna malsana envidia si de ellas carecemos.

A uno de los amigos que más estimo lo conocí porque nos enfrascamos en una pelea... al tiempo  el destino quiso hacernos coincidir en muy distintas circunstancias y afortunadamente sin rencor se produjo un segundo acercamiento (menos hostil), fraguándose así una amistad que dura hasta el día de hoy.

Sin duda nos sorprenderíamos de lo que podemos llegar a aprender de alguien si le diésemos una segunda oportunidad. Pero juzgamos... y decidimos que esa persona no es merecedora de compartir nuestra magnífica compañía, amistad, ayuda, afecto, etc... (ni el aire que respiramos, en casos extremos...).

Juguetes de la circunstancia


Todos tenemos una historia. Quizás nos gustaría ser menos ignorantes, estar mejor educados, tener un carácter más afable, ser más simpáticos... pero a veces no es así... y no por ello somos culpables de nada ni se nos debería reprochar por ello.
El que más, el que menos... todos procuramos encajar
de alguna manera en algún sitio

Es más, no todos podemos tener todos los días un día estupendo y divino de la muerte... ni comportarnos igual en el trabajo con un jefe ávido de resultados que entre cervezas con los amigos.

Tu mejor y más amado amigo puede ser alguien tremendamente odiado por otra persona, y puede que esa otra persona, ni siquiera tenga que caerte mal... así de subjetivos somos.

Misma persona... distinta situación, muchas veces la diferencia entre héroe o villano.

Tendemos a defender lo que apreciamos, cegándonos a veces... y atacar aquello que rechazamos, muchas veces por simples prejuicios, y más grave y triste aún, quizás ni tan siquiera por experiencia propiamente adquirida.

"Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo."

Observando, leyendo entre líneas


Objetividad... Es complicado, pero necesaria. Es difícil disponer de la ecuanimidad necesaria para no ser afectados por la circunstancia, somos seres emocionales al fin y al cabo.

Aprender a valorar lo mejor de las personas, apreciar sus virtudes, aceptar sus defectos y aprender de ambos, asimilando los rasgos positivos y corrigiendo los negativos.

"No soy un completo inútil, por lo menos sirvo de mal ejemplo."

Observar con perspectiva... y cuando la tentación se intente apoderar de mi... respirar profundo, parpadear... y procurar hacer el ejercicio mental de ponerme sus zapatos, antes de decir o tan siquiera pensar algo que solo el tiempo ayude a corregir.


domingo, 16 de septiembre de 2012

Anhelando la felicidad

Como ya se ha comentado anteriormente, a lo largo de la vida normalmente nos limitamos a "existir", moviéndonos la mayoría de las veces por inercia. Cuando somos niños, simplemente porque no tenemos consciencia de ello y cuando somos mayores, porque las circunstancias que nos rodean nos absorben, y no paramos a preguntarnos...

¿Soy feliz?

Si no respondemos instantáneamente... chungo.

Bromas aparte... El caso es que de una manera u otra, un día te despiertas y te falta algo… Sientes un gran vacío en tu interior y no sabes qué es. Se supone que tienes "de todo", pero aún así… a veces te cuesta respirar.. conciliar el sueño… disfrutar el momento…

Vivimos en una sociedad que predica un estilo de vida particular. Un modo de vida en el que se nos invita a consumir, a tener, a poseer bienes materiales de forma continua, evitando que realmente nos centremos muchas veces en lo que realmente importa y obteniendo únicamente "felicidad a plazos", felicidad condicionada.

Seamos claros, la felicidad constante, la de verdad... esa sensación de sentirte completo y en armonía... cuesta conseguirla... y mucho.

Muchas veces, tras intentarlo por diversas vías, tras mucho poseer y probar, la conclusión es que nos movemos en ciclos constantes de ilusión-desilusión, de forma que cada vez queremos conseguir cosas "mayores" que nos den más felicidad durante más tiempo… Nos convertimos sin darnos cuenta en unos "yonquis materialistas", que buscan su siguiente "dosis de felicidad material" cuando se acaba la anterior y ansían seguir siendo "felices".

Como dijo Agustín de Hipona (AKA San Agustín), y ya hemos comentado alguna vez "no es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita", y esto es extensible a la felicidad. Muchas veces la felicidad está en pequeñas cosas que no somos capaces de ver.

Una vez un buen amigo me dijo "necesito simplificar mi vida". Pensamos que para ser felices tenemos que poder tener muchas "cosas", y para conseguir esas cosas hay que disponer de medios materiales que nos afanamos rápidamente en conseguir, convirtiendo el medio en el fin. Entramos sin darnos cuenta en una espiral que cada vez nos complica más la vida, creándonos mayores preocupaciones, y empañando nuestra visión para ver realmente donde está la felicidad.

Se entra en un círculo vicioso en el que no vemos claramente. Nuestra libertad se ve coartada, y nuestra voluntad subyugada a intereses ajenos que nos seducen, condicionándonos y convenciéndonos de que ese es el camino que hay que seguir si quieres conseguir lo crees querer.

Tu alma se va a apagando… tu mente se ofusca y tu cuerpo y tu salud se resienten.

No es hasta que alguna alarma suena (algunas veces varias distintas…), cuando con suerte, te replanteas tu vida, tu existencia, tu comunión con el universo… tu FELICIDAD... quizás después de haber pasado por varias consultas psicológicas y haber ingerido pastillas con contraindicaciones y colores variados.

Curiosamente, como dicen los sabios, posiblemente la felicidad está en uno mismo. Y el quid de la cuestión es que si realmente conseguimos ese estado de gracia, lo demás ya no importa… No necesitarás un coche increíble… una casa con jacuzzi... te dará igual, estarás "desintoxicado", y por tanto, no te afanarás en ganar pasta como un poseso.

Un día un amigo te pregunta: ¿qué quieres conseguir en la vida… ? y tú respondes:

- Yo, lo "único" que quiero es ser FELIZ… (y posiblemente ya habremos dado un paso importante)

La pregunta del millón de dólares es… ¿Somos realmente conscientes de como…? ¿Conocemos el camino... o nos desviamos hace 7 cruces...?

Quizás lo más curioso del asunto es que cada cual debe conformar su receta para la felicidad, en base a su experiencia y anhelos, pero también en base a cuestiones "universales" que casi todos conocemos, pero que por alguna razón nos cuesta integrar en nuestras propias vidas, olvidándolas más de la cuenta o costándonos más de lo que nos gustaría para poderlas poner en práctica.

domingo, 22 de julio de 2012

Breve e incompleto recetario vital

Un día te levantas y te preguntas... ¿qué carajo estoy haciendo aquí...? Te encuentras "más perdido que un pulpo en un garaje". Sin destino... sin objetivos... sin rumbo... desmotivado... como un autómata integrado en una sociedad de eficiente y extrema productividad que no te da un respiro.

Quizás deberíamos pararnos de vez en cuando y preguntarnos si realmente vivimos la vida de forma consciente, o nos limitamos a existir inconscientemente en ella.

Me gustaría revisar, aunque sea a modo de nota metal, algunos aspectos que quizás puedan ayudar a plantearnos algunas cuestiones o resolver otras... Seguro que se quedan muchas cosas atrás, seguro que muchas son discutibles e imprecisas (podemos hablar sobre ellas), pero quizás, con suerte, alguna nos lleve a algún sitio, y quien sabe, igual seguimos reflexionando sobre más cosas más adelante.

Comencemos...

No pelearse con la vida... Fluir


Hay que dejarse fluir. No empeñarse en comprender la vida... sino vivirla.

Deberíamos ser capaces de integrarnos en nuestra propia vida, siendo parte de ella, aceptando lo que pasa y haciendo lectura positiva de lo que acontece. Aceptar no implica rendirse, es saber adaptarse.

Qué peligro cuando empezamos a rasgarnos las vestiduras al mismo tiempo que gritamos... ¿por qué...?

No olvidemos que se aprende más de los fracasos que de los éxitos, y que las situaciones que realmente nos ponen a prueba como persona son habitualmente las más inesperadas o las que menos nos gustan.

Me quedo con la magnífica frase de Randy Paush:

"Experiencia es lo que consigues cuando no obtuviste lo que querías."

Como decía el viejo proverbio... "¿Mala suerte, buena suerte... quien sabe?". Lo que nos pasa no es ni bueno ni malo... es como lo veamos, como lo interpretemos. Bueno y malo, muchas veces, son dos grandes engaños totalmente impuestos y dependientes del entorno en el que nos hemos criado. Y lo que hoy parece malo, puede esconder una gran oportunidad o ser la antesala de algo mucho mejor.

Deberíamos procurar adaptarnos a las circunstancias en lugar de perder todas nuestras energías en luchar contra ellas, sobre todo, si no tienen solución o no está en nuestra mano. ¿Acaso el agua de un río se para cuando encuentra una piedra en su lecho...?

"Be water my friend" ("Sé agua, amigo mío")

Ni ayer, ni mañana... Hoy


Ser conscientes de un destino elegido y guiar nuestra vida en base a nuestros anhelos es importante. No deberíamos renunciar a aquello que vemos lejano simplemente por pensar que es inalcanzable.

Sin embargo es importante saber vivir el aquí... el ahora y disfrutar el momento... paladear cada momento como si fuera el último, sin preocuparnos por un mañana incierto más de la cuenta. No hay porqué ser insensatos, debemos planificar el futuro, pero una cosa es planificar, y otra cosa preocupar.

Pensemos como queremos que sea nuestro futuro, cristalicemos nuestros objetivos y pongámonos en marcha, pero una vez decidido, quizás no sea una buena idea volver a darle más vueltas de la cuenta, porque entonces posiblemente estemos cayendo en la preocupación excesiva y una buena decisión ya no nos parezca tan buena.

Debemos ser conscientes de que hay multitud de variables que desconocemos o no tenemos poder sobre ellas, por lo que siempre va a existir un margen de incertidumbre que debemos aceptar, para no caer en la obsesión por el futuro.

No caer en la melancolía del momento pasado, la vergüenza del momento pasado, el trauma del momento pasado... por una sencilla razón... porque ya ha pasado. Igual que "agua pasada no mueve molino", no dejemos que los ecos del pasado condicionen nuestra vida. Cada nuevo día tenemos una nueva oportunidad para reinventarnos, ser la persona que queremos ser, hacer lo que queremos hacer, aprender nuevas cosas y disfrutar el momento.

Decía el Dalai Lama: 

"Tan solo hay dos días en el calendario en el que no puedes hacer nada, ayer y mañana."

Actitud


Hay gente que le encanta gruñir... les encanta tener problemas y contarlos a los demás (verdaderos vampiros energéticos...), y vanagloriarse de lo desgraciados que son, la mala suerte que han tenido en la vida o lo enfermos que están (siempre más que los demás, por supuesto...). Irían a un entierro y sentirían envidia por el fallecido.

Creo que estamos de acuerdo en que con esta actitud es muy complicado ser feliz. En estos casos realmente hace falta un gran trabajo interior para cambiar este tipo de comportamientos. Es una cuestión de actitud... no podemos pretender cultivar una gran vida interior o tener buenos amigos, si no somos capaces de estar a gusto ni con nosotros mismos.

Cambiemos el chip, centrémonos un poquito más en las cosas buenas que nos suceden, en lugar de repasar una y otra vez aquellas que no asumimos. Seamos positivos, pensemos que hoy va a ser un gran día, y probablemente así lo será...

"Si sonríes al espejo, el espejo te devuelve una sonrisa".

No ser mártires crónicos


Hay que saber disfrutar. La vida no es solo sacrificio. El sacrificio dignifica al hombre y forja el espíritu... pero no lo forjemos tanto que se nos rompa.

Los objetivos más deseados suelen ser los que se consiguen con más sacrificio, pero no caigamos en el error de pensar que no los merecemos una vez conseguidos.

Para bien, o para mal, todo lo que conseguimos lo merecemos, aún para aprender algo. Está ahí por algo... demos gracias por ello. Hagamos lectura positiva y procuremos disfrutar de lo que tenemos, en lugar de anhelar insistentemente lo que no.

Dependencia emocional


Estamos hartos de escuchar la expresión de "encontrar a mi media naranja"... qué bonito... y qué equivocado... Yo soy feliz, tú eres feliz... seamos aún más felices juntos. ¿Por qué sumar 1 entre los dos cuando podemos sumar 2 ?

Necesitamos que nuestra madre nos abrace, que nuestra novia nos ría, que el gato nos ronronee para ser felices... error !  Mi felicidad no se puede basar en los demás, porque entonces una falta de ellos me va a sumir en la tristeza, en la apatía, en la infelicidad.

Deberíamos poder ser felices por nosotros mismos. Mirar más hacia nuestro interior que hacia afuera. Todo lo demás, deben ser pluses de felicidad, no condicionantes para ella.

El apego


Peligroso, sobre todo a lo material. Es peligroso depender de alguien para ser feliz, aún más de algo.

Poseer no está mal... no tiene porqué ser malo. Si te lo puedes permitir, magnífico. El problema es el apego... cuando dependes de esas cosas para ser feliz. Probablemente nos estemos desviando si vemos que no paramos de adquirir cosas, que nos dan una efímera y epicúrea felicidad para luego desvanecerse y querer más... convirtiéndonos en "yonquis" consumistas y materialistas, víctimas de una sociedad que nos invita a ello vorazmente.

A veces es mejor simplificar. Desprenderse de aquello que te esclaviza... que realmente no necesitas. Es sencillo una vez se comprende... una vida simple es más fácil de mantener que una compleja, necesitamos menos energía, que podemos dedicar a otros menesteres.

"No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita".
(Agustín de Hipona, AKA San Agustín)

Finalizando (por ahora)


Probablemente la gracia del asunto esté en ese magnífico punto de debe ser mantener una motivación vital  suficiente como para que guíe nuestro destino pero que al mismo tiempo nos permita cierto grado de ecuanimidad sobre como, para encajar la posibilidad de no alcanzarlo y vivir felices con ello, sin llegar a ser unos pusilánimes.

Al principio comentábamos la frase de Randy Paush. No puedo dejar de recomendar la visualización de su inspirador vídeo ...siempre lectura positiva. Buena actitud vital sobre todas las cosas.

Se quedan cuestiones y temas en el tintero... saber decir "no",  aceptar nuestras limitaciones, equilibrar nuestra vida profesional... personal, comer sano, hacer ejercicio... y seguro que muchísimas cosas más que a buen seguro nos ayudan a ser felices. En cualquier caso, por no alargarnos más y hasta que tengamos tiempo de abordar éstos y otros temas planteo... si entendemos realmente la diferencia entre vivir y existir... y qué nivel de consciencia tenemos en nuestra propia vida.

"La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes."

sábado, 30 de junio de 2012

La mente inquieta

Tuve la suerte de estar no hace mucho en otro magnífico taller con Ramiro Calle, del que no se para de aprender cuando se está junto a él. Se hablaron de montones de cosas muy interesantes y pudimos disfrutar largo y tendido de su siempre inspiradora presencia y clarividente discurso.

En cierto momento del debate un compañero preguntó y surgió el tema de los pensamientos rumiantes. Creo que no necesitan explicación... el que más el que menos los sufre a diario. El típico run-run que no te quitas de la cabeza... esa idea o preocupación que nos atenaza de vez en cuando... ese problema grandísimo que tenemos que parece que nunca se va a solucionar, ni nadie nos puede ayudar y que como descuidemos puede desembocar en la extinción inminente de la raza humana y de todo rastro de civilización "inteligente" en nuestro planeta...

Vale, estoy exagerando... pero es que somos así... Algunas veces, sin motivo objetivo ni aparente, solemos caer en la trampa mental de crearnos "falsos" problemas o de magnificarlos sistemáticamente. No sólamente eso... sino que además les cogemos un "apego" tal que no nos separamos de ellos ni para ir al baño... llevándolos con nosotros a todas partes en todo momento.

Mi padre, muy sabiamente, de pequeño me recordaba de vez en cuando... "No te preocupes... ocúpate", cuando detectaba que andaba "histérico" con algún tema que empezaba a sobrepasarme.

La lectura es simple, haz lo que honestamente puedas y buenamente esté en tu mano, todo lo demás, sobra... como muy acertadamente reza la vieja reflexión:

"Si tiene solución... ¿para qué te preocupas? y si no la tiene... ¿para qué te preocupas?"

Todos la conocemos y nos resulta tremendamente obvia... entonces... ¿cual es el oscuro motivo que hace que nos cueste tantísimo ponerla en práctica?.

Eso es lo que nos trae de cabeza... no poder controlar nuestro propio órgano pensante,  porque esa misma cabeza es la que nos "engaña" muchas veces o simplemente va "por libre"... y nos mete en unos berenjenales mentales en los que nunca pedimos entrar, pero que en los que muchas veces nos vemos metidos "hasta las axilas".

Eficiencia mental


A mi me pasa, como a todo el mundo, que de vez en cuando me levanto con una canción "metida" en la cabeza... y no sale ni con agua caliente, es peor que un picor insistente (y según de quien sea la canción más peligroso...). Parece como si solo puedes dejar de tararear esa canción si alguien te sugiere otra... pero acabas atrapado en una desesperante "paradoja musical".

Creo que tenemos en este tipo de anécdotas un ejemplo magnífico de lo tremendamente sistemática que es nuestra mente y su tendencia a entrar en rutina... a quedarse trabada en ciclos repetitivos que por momentos pueden resultar en un comportamiento más o menos obsesivo, y sobre todo lo peligrosamente "autónoma" que puede llegar a ser (más de lo que nos pensamos...). 

Deberíamos ser capaces de poner a funcionar nuestra mente de forma dirigida. Es decir, pensar cuando hay que pensar, de forma planificada y consciente hacia un objetivo, con control (mente grande), atando en corto al corcel desbocado para que no se vaya por los cerros de Úbeda (mente pequeña), y descansar la mente cuando hay que descansarla. El problema es que no siempre es fácil, y más si además no estamos acostumbrados.

Pensar cansa... y mucho, y si no hemos pedido pensar... ¿para qué agotarnos?. La mente es como un pura sangre que necesita de un buen jinete, nuestra conciencia, para poder sacarle el máximo partido posible, pero sobre todo, para que no muera por extenuacion.

Como dice ese anuncio publicitario de neumáticos, del que ya se ha echado mano alguna vez:

"La potencia sin control, no sirve de nada".

Tenemos claro que un músculo sometido a estrés, sobresfuerzo o mal uso se contractura, fatiga o sobrecarga... pero a veces no tenemos conciencia de que al cerebro le pasa exactamente lo mismo. El cerebro, fisiológicamente,  consume recursos (glucosa, fundamentalmente) y se fatiga (dolores de cabeza, migrañas, visión borrosa, etc...), pero mentalmente, unos malos hábitos pueden desencadenar en otros tipos de trastornos (tensión, estrés, ansiedad, depresión, etc...).

Por ello tenemos dos magníficos motivos por los que aprender a parar y controlar nuestros pensamientos:
  • No gastar más energía de la necesaria
  • Evitar posibles trastornos psicológicos a medio y largo plazo
Para ello debemos ser capaces de controlar la mente y el primer paso, es aprender a "callarla".

Domando la mente


Curiosamente, una de las cosas que más nos cuesta es "no pensar". Somos capaces de tirarnos en el sofá y no hacer nada... no mover ni un músculo... (alguien dijo siesta...?) pero nos cuesta horrores dejar de pensar. Acallar la mente... descansarla.

Desde pequeños aprendemos montones de cosas, recibimos educación física para tratar de mantener un cuerpo que nos sirva mejor, y procuramos llenar la cabeza con un montón de conocimiento pero lo que no nos enseñan es educación mental.

Usamos la mente como un almacén y tenemos que aprender a usar la mente de forma autónoma para hacer uso de ese conocimiento o para inferir otros nuevos, pero nadie nos dice como... Todo es un proceso que vamos descubriendo por nosotros mismos y que forja nuestro carácter, nuestra forma de ser... en base a lo que aprendemos, nos educan, vivimos, sufrimos, etc...

Básicamente podríamos decir que la mente puede estar en tres estados, llamémoslos, por ejemplo...

  • Productivo
  • Ruidoso
  • Calmado

En estado productivo, para la mayoría de los mortales, solo nos la encontramos muy de vez en cuando. Cuando realmente tenemos pensamiento consciente. Es decir, ponemos a nuestra mente a trabajar a nuestro servicio. Así debería ser siempre que estuviera "funcionando".

Calmada no está casi nunca, y por contra, el resto del tiempo está casi siempre en un estado "Ruidoso"... por libre... haciendo run-rún, o dejándose invadir por pensamientos de todo tipo y distinta índole.

Tenemos claro que el estado "ruidoso" no es deseable, y por tanto la mente debería funcionar, de forma óptima, oscilando entre los estados "Productivo" y "Calmado".

Llegados a este punto, la pregunta que parece obvia y que además se puede considerar "del millón de dólares"...

¿Como eliminamos el ruido de nuestra cabeza?


En el enlace de el principio se explican técnicas, pero yo voy a tratar de sintetizar y hablar en base a experiencia propia en lo poquito que he conseguido, pero que sinceramente considero que me ayuda.

Lo primero y más importante es tomar conciencia del run-rún, del pensamiento rumiante (o histérico u obsesivo) y no dejarse llevar por él. Impedir el "rapto mental" e intentar ir desplazándolo hacia afuera poco a poco y a la más mínima sospecha de sufrir un pensamiento rumiante (como cualquier otro pensamiento negativo) procurar apartarlo de nuestro escenario mental... tantas veces sea necesario, con paciencia, constancia y determinación (nadie ha dicho que sea fácil).

Al mismo tiempo hay que procurar ir ganando espacio de quietud entre pensamientos, y procurar que éstos sean productivos. Ésto se puede tratar de conseguir mediante algún tipo de meditación activa, es decir, a grosso modo, tener conciencia de lo que se hace sin dejar ser "violado" mentalmente por otros pensamientos. Así, si estoy haciendo cualquier actividad (planchar, lavarme, pasear, etc..) procuraríamos centrarnos en ello, sin dejar distraernos por ningún pensamiento; no como hacemos casi siempre que aprovechamos para "pensar" ya que estoy haciendo algo "rutinario"...  (rutina, esa gran trampa de la mente).

Esta técnica me permite además centrarme mejor en lo que hago y probablemente hacer las cosas mejor y de forma más eficiente (combatir la hiperactividad, centrarse mejor).

Con el tiempo se puede pueden probar técnicas de meditación "tradicional" donde ya sí se requeriría algo más de disciplina e invertir un tiempo en meditar específicamente. Hay montones de guías de meditación, pero lo fundamental es sentarse erguido, cómodo, cerrar los ojos, calmar la respiración... la mente... centrándonos en por ejemplo nuestra respiración y muy pendientes de expulsar cualquier pensamiento que nos invada... volviendo a tomar conciencia de la respiración... e intentando "vaciar" nuestra mente.

Al principio una música apropiada puede ayudar (melodía instrumental muy suave...) al igual que usar algún tipo de "fijador" (un objeto que observar para fijar nuestra atención en él).

Cuando se practica iremos notando que la desesperación inicial porque suene la alarma de los 5 minutos   (ese será el principal pensamiento rival a batir...) irá desapareciendo, y podremos ir prolongando los tiempos de meditación, que además se irán haciendo más placenteros (en lugar de estar nerviosos en impacientes), pudiendo disfrutar de una sensación de "reseteo mental", de calma y de quietud muy gratificantes.

La meditación no tiene porqué ser divertida, y sobre todo al principio no es fácil, como decía Mario Benedetti:

"Hay pocas cosas tan ensordecedoras como el silencio."

...pero con el tiempo se agradecen sus muchos beneficios.

Ese precioso sonido llamado silencio


Cuando estoy muchas veces en la ducha y me veo que no paro de repetir el mismo estribillo de una canción... digo: PARA ! y mi mente calla... por un instante... porque al rato vuelve a hacer run-rún... y lo más seguro que vuelva a tener que insistir en mi aseveración para que vuelva a callar. Al final, con suerte, como un niño pequeño y revoltoso, acaba callando... y a partir de ahí es cuando empiezo a poder disfrutar del silencio...  

Empiezo a escuchar el agua caer... a notar el agua sobre la piel... a saborear delicadamente las gotas que se escapan por las comisuras de los labios... a escuchar a esos pájaros tras la ventana... y es cuando al menos por un instante tomo conciencia del momento, del presente, del aquí y del ahora, sin anclarme en el pasado y sin preocuparme por el futuro... disfrutando del momento.


"Los ríos más profundos, son siempre los más silenciosos." (Curcio)