miércoles, 19 de diciembre de 2012

Setenta veces siete

Era yo bastante más joven de lo que soy ahora, un chaval... cuando solía conversar de vez en cuando con un buen amigo sacerdote, el Padre Paco, o Paco a secas, como a él le gustaba que le llamaran... sin adornos. Un hombre mayor, cercano y lleno de sabiduría, como casi todas las personas que ya pasan de 60... fallecido hace bastantes años, pero que aún recuerdo a menudo por ser de esas personas que de alguna manera te marcan, te inspiran.... te ayudan a tallar el espíritu y te ayudan a madurar y a que uno pueda ser, si quiere, mejor persona.

Salió el tema del perdón... delicado tema, muy delicado...

Yo le exponía que sí, que está muy bien eso de perdonar, que queda muy bonito y todo eso... pero que dependiendo del caso, igual no es posible.

Le preguntaba yo a Paco:

- "¿Como se va a perdonar a un asesino, por ejemplo?"

- "Muy "fácil"", decía él, con una sutil sonrisa que auguraba una lección que me iba a costar entender... "igual que perdonas a alguien que quieres por una tontería... aunque eso sí... requiere práctica, y voluntad. Hay que ser capaz de perdonar muchas veces, independientemente de la causa, para llegar a poder perdonar de verdad."

-  "¿Cuantas veces hay que ser capaz de perdonar a alguien?", cuestionaba yo.

- "Al menos, setenta veces siete...", respondió, tirando de recurso bíblico.

- "Osea... 490", le dije yo de forma asertiva, dejando claro que sabía multiplicar...

- "Puede", añadía él, "Pero yo creo que más bien se refiere a 70 sietes, uno detrás de otro...", me decía, mientras daba saltitos con su índice en el aire... "es decir: 7777...777..."

Ante lo cual yo, por respeto ante él guardé silencio (por no llamarle "exagerao", que era lo que realmente pensaba y me daban ganas...).

Una cosa está clara, pienso... si eres capaz de perdonar 777...777 veces algo, no hace falta que sigas contando, eres capaz de perdonar cualquier cosa. Y quizás ahí reside "el truco", en no llevar la cuenta... en no tener en cuenta nada a nadie... en no "apuntar" que "ésta te la guardo"... tan solo dejar fluir, sin más.

Vale, muy bien, pero si solo una "medio gorda" ya no soy capaz de perdonarla, como voy a dejar pasar el resto...?

Cuestión de perspectiva


Muchas veces hemos escuchado la frase de "yo perdono, pero no olvido" (¿alguien más está tarareando "Forgiven Not Forgotten", de The Corrs...?), y la persona que la dice la espeta con mirada cinematográfica esperando de nosotros un "ooohhhh"... Pues qué quieres que te diga, compañero... dudo mucho que realmente estés perdonando... como mucho estás haciendo "el papel", pero yo entiendo que eso no es perdonar. Eso se puede llamar, por ejemplo, "espera paciente y políticamente correcta de oportunidad de venganza premeditada" (vale, ha quedado algo largo...), y aunque algunos clamen a que "la venganza es un plato que se sirve frío", o "el dulce sabor de la venganza"... por muy dulce que resulte, digo yo... ¿cuanto amargo has tragado hasta que llegue?, si llega... y aunque llegue... ¿merece la pena...? ¿compensa...?

Perdonar va más allá... a mi entender perdonar implica olvidar, porque si no, el rencor puede anidar en ti, apoderarse de tu corazón hasta pudrirlo... y la magia del perdón reside en que libere tanto al perdonado, como al que perdona. Como una manifestación más del amor, es un juego de dos (salvo que uno deba perdonarse a si mismo y deba asumir los dos roles).


No siempre es fácil


Claro que no, si no no tendría mérito...  todos lo haríamos sin esfuerzo y éste sería un mundo maravilloso e ideal... 

De todas formas, seamos un poquito objetivos... la mayoría de las veces nos "picamos" por tonterías, cosas sin importancia, es más, aún con alguna importancia relativa, es posible que muchas veces seamos víctimas mutuas de la falta de entendimiento, sin existir tan siquiera mala voluntad por ninguna parte.

Sí vale, pero ¿y si hablamos de "causas mayores"...? ¿Merece ser perdonado aquel cuyo crimen es mayúsculo o que ni siquiera se arrepiente...? Pues quizás no (o sí...), pero lo que está claro, es que debería ser un ejercicio practicado por aquellos que realmente pretenden ser mejor persona, y que cada uno debe ocuparse de su parte, así como el otro de la suya, según el papel que te toque jugar.

No sirve darse golpes de pecho de cara a la galería, y luego estar apuntándole la matrícula al prójimo "a la de menos de cambio"... porque además nadie está libre de equivocarse, así que más nos vale no juzgar al que tenemos en frente, porque mañana la situación puede ser a la inversa y los papeles se reparten de forma distinta en esta comedia que es la vida.

¿Debo entonces aguantar o permanecer junto a alguien que no para de fastidiarme sistemáticamente...? No... no tenemos porqué... deberíamos poder (debemos) alejarnos de aquellas personas que resulten nocivas en nuestra vida si la cosa no tiene remedio, pero posiblemente sea mejor opción hacerlo sin  acritud ni rencor, ¿no?.

El poder del perdón


No me refiero al poder obtenido mediante el perdón... y se me viene a la cabeza la escena de la Lista de Schindler cuando el propio Oskar Schindler insta al oficial de las SS Amon Göth a que ejerza el perdón, como muestra de poder... mal entendido, aunque pretendiendo un buen fin; me refiero a lo que el perdón reporta cuando se perdona de verdad, de forma sincera... de corazón, no de forma banal, hipócrita o instrumentalizada.

Quizás el verdadero poder del perdón reside en la liberación... No hace falta buscar pretextos metafísicos, o cuestiones divinas para ser capaz de perdonar... debería atenderse más a motivos personales, y muchas veces es mucho más simple y se trata más de una cuestión netamente práctica... si somos capaces de llevarla a cabo.

No se es libre hasta que se perdona o se es perdonado, porque mientras tanto, el que busca el perdón sufre por no obtenerlo (si tiene conciencia), y el que le toca perdonar, si no se es suficientemente ecuánime, corre el riesgo de ser pasto de la indignación, por ejemplo, o ser llevado por los demonios, víctima de la ira... y como decía William Shakespeare:


"La ira es un veneno que uno toma esperando que muera el otro."


Si nos anclamos en el pasado, no dejamos pasar una afrenta, y nos dejamos dominar por las emociones mal canalizadas, reviviendo inútilmente una y otra vez un amargo recuerdo, entonces no estaremos preparados para vivir el presente y mucho menos para afrontar el futuro.

Todos podemos fallar alguna vez, pero ello no nos debería privar (salvo casos excepcionales) de la oportunidad de poder seguir ofreciendo quizás muchas otras cosas más.

Quizás, al final, la cuestión no es si es posible o no perdonar algo... sino si somos o no capaces de hacerlo. Para lo que unos puede ser imperdonable, para otros puede no ser más que otro accidente del que aprender en esta senda que nos toca caminar.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Jugar a juzgar

Cuan fácil es tomar partido en los problemas ajenos o dictaminar sobre los defectos de otro. Decidir qué es bueno y qué es malo... elevar hasta los altares a un nuevo héroe o declarar un nuevo villano, amigo o enemigo de ciertos intereses más o menos mayoritarios.

Qué rápida se mueve la materia gris cuando se trata de emitir un juicio sobre otros... y qué lenta o inmóvil permanece ante el ejercicio de la autocrítica.

Jueces, y si pudiéramos... verdugos


Vemos a personas indignadas y alteradas por asuntos de dudosa trascendencia, rasgándose las vestiduras, llenos de odio, con la ira apoderándose de ellos a través de sus ojos... dando "magistrales lecciones morales" a través de esa ventana velada al mundo que es la televisión (el mundo que nos quieren convencer que debe ser), víctimas de un ego tan henchido que vuelve opaco su juicio.


Cómo nos dejamos llevar por las palabras que dejan flotar en el ambiente... como nos gusta discutir y juzgar... (más si llevamos razón, o creemos llevarla...) y qué difícil es quitarle a alguien la etiqueta cuando se le coloca.

Qué convencidos estamos de la verdad (nuestra verdad, por supuesto) y qué clara creemos verla... llegamos en ocasiones hasta la violencia por "defenderla" (¿ego? ¿interés de algún tipo...?). Como si la verdad necesitara de paladines... ¿qué verdad? me pregunto.

Tratamos de convertir "nuestra verdad" en la causa de los demás. Así nos va...

Prejuicios, origen de la incompatibilidad inexistente


Un proverbio reza:

‎"Antes de juzgar a alguien, camina una milla en sus zapatos."

¿Conocemos realmente cada persona o situación que nos invita a ser juzgada? ¿Sabemos realmente de lo que hablamos, o simplemente creemos saberlo...? Nuestra agudeza mental se afina hasta límites insospechados cuando se trata de sacar conclusiones con mínimos parámetros de información. Enseguida creemos saber "lo suficiente"... será por el carácter creativo de la mente... Pero qué lástima que se invierta dicha creatividad de forma tan poco constructiva.

Como dice Eduard Punset... "¿Puedes demostrar lo que dices...?" ¿o simplemente lo has oído por ahí...? Sólo hace falta querer creer algo para ser convencidos fácilmente (mitos, impresiones, prejuicios, partidismo, etc...).

Llevamos mucho lastre mental y éste nos condiciona, nos hace perder el norte de vez en cuando. Quizás necesitamos cuestionarnos lo que creemos saber más a menudo... procurar informarnos y documentarnos de algo lo suficiente como para poder generar ideas bien fundamentadas. Abrir la mente... desintoxicarnos mental e ideológicamente si queremos aspirar a tener buen juicio, y no solo prejuicio.

"El fascismo se cura leyendo y el racismo se cura viajando."

La primera impresión


Dicen que la primera impresión es importantísima al conocer a alguien. Te la juegas...  porque tendemos a encajonar a la gente nada más transcurridos los primeros instantes... como un pequeño resorte que salta de forma involuntaria.

Nos encanta poner etiquetas. Lo etiquetamos todo... y sobre todo, no somos para nada pacientes (no lo somos, ni con nosotros mismos...). Como le pongamos los puntos a alguien... la lleva clara...

"Todo lo que te molesta de otros seres, es solo una proyección de lo que no has resuelto de ti mismo."

Con algunas personas conectamos rápidamente,
con otras... no tanto
Los mecanismos de la compatibilidad social son curiosos. Posiblemente las personas con las que más predisposición tenemos a una buena relación simplemente son aquellas que no nos recuerdan con su actitud nuestros propios defectos, más allá de las que atesoran grandes virtudes, ya que quizás se corre el riesgo de generar alguna malsana envidia si de ellas carecemos.

A uno de los amigos que más estimo lo conocí porque nos enfrascamos en una pelea... al tiempo  el destino quiso hacernos coincidir en muy distintas circunstancias y afortunadamente sin rencor se produjo un segundo acercamiento (menos hostil), fraguándose así una amistad que dura hasta el día de hoy.

Sin duda nos sorprenderíamos de lo que podemos llegar a aprender de alguien si le diésemos una segunda oportunidad. Pero juzgamos... y decidimos que esa persona no es merecedora de compartir nuestra magnífica compañía, amistad, ayuda, afecto, etc... (ni el aire que respiramos, en casos extremos...).

Juguetes de la circunstancia


Todos tenemos una historia. Quizás nos gustaría ser menos ignorantes, estar mejor educados, tener un carácter más afable, ser más simpáticos... pero a veces no es así... y no por ello somos culpables de nada ni se nos debería reprochar por ello.
El que más, el que menos... todos procuramos encajar
de alguna manera en algún sitio

Es más, no todos podemos tener todos los días un día estupendo y divino de la muerte... ni comportarnos igual en el trabajo con un jefe ávido de resultados que entre cervezas con los amigos.

Tu mejor y más amado amigo puede ser alguien tremendamente odiado por otra persona, y puede que esa otra persona, ni siquiera tenga que caerte mal... así de subjetivos somos.

Misma persona... distinta situación, muchas veces la diferencia entre héroe o villano.

Tendemos a defender lo que apreciamos, cegándonos a veces... y atacar aquello que rechazamos, muchas veces por simples prejuicios, y más grave y triste aún, quizás ni tan siquiera por experiencia propiamente adquirida.

"Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo."

Observando, leyendo entre líneas


Objetividad... Es complicado, pero necesaria. Es difícil disponer de la ecuanimidad necesaria para no ser afectados por la circunstancia, somos seres emocionales al fin y al cabo.

Aprender a valorar lo mejor de las personas, apreciar sus virtudes, aceptar sus defectos y aprender de ambos, asimilando los rasgos positivos y corrigiendo los negativos.

"No soy un completo inútil, por lo menos sirvo de mal ejemplo."

Observar con perspectiva... y cuando la tentación se intente apoderar de mi... respirar profundo, parpadear... y procurar hacer el ejercicio mental de ponerme sus zapatos, antes de decir o tan siquiera pensar algo que solo el tiempo ayude a corregir.


domingo, 16 de septiembre de 2012

Anhelando la felicidad

Como ya se ha comentado anteriormente, a lo largo de la vida normalmente nos limitamos a "existir", moviéndonos la mayoría de las veces por inercia. Cuando somos niños, simplemente porque no tenemos consciencia de ello y cuando somos mayores, porque las circunstancias que nos rodean nos absorben, y no paramos a preguntarnos...

¿Soy feliz?

Si no respondemos instantáneamente... chungo.

Bromas aparte... El caso es que de una manera u otra, un día te despiertas y te falta algo… Sientes un gran vacío en tu interior y no sabes qué es. Se supone que tienes "de todo", pero aún así… a veces te cuesta respirar.. conciliar el sueño… disfrutar el momento…

Vivimos en una sociedad que predica un estilo de vida particular. Un modo de vida en el que se nos invita a consumir, a tener, a poseer bienes materiales de forma continua, evitando que realmente nos centremos muchas veces en lo que realmente importa y obteniendo únicamente "felicidad a plazos", felicidad condicionada.

Seamos claros, la felicidad constante, la de verdad... esa sensación de sentirte completo y en armonía... cuesta conseguirla... y mucho.

Muchas veces, tras intentarlo por diversas vías, tras mucho poseer y probar, la conclusión es que nos movemos en ciclos constantes de ilusión-desilusión, de forma que cada vez queremos conseguir cosas "mayores" que nos den más felicidad durante más tiempo… Nos convertimos sin darnos cuenta en unos "yonquis materialistas", que buscan su siguiente "dosis de felicidad material" cuando se acaba la anterior y ansían seguir siendo "felices".

Como dijo Agustín de Hipona (AKA San Agustín), y ya hemos comentado alguna vez "no es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita", y esto es extensible a la felicidad. Muchas veces la felicidad está en pequeñas cosas que no somos capaces de ver.

Una vez un buen amigo me dijo "necesito simplificar mi vida". Pensamos que para ser felices tenemos que poder tener muchas "cosas", y para conseguir esas cosas hay que disponer de medios materiales que nos afanamos rápidamente en conseguir, convirtiendo el medio en el fin. Entramos sin darnos cuenta en una espiral que cada vez nos complica más la vida, creándonos mayores preocupaciones, y empañando nuestra visión para ver realmente donde está la felicidad.

Se entra en un círculo vicioso en el que no vemos claramente. Nuestra libertad se ve coartada, y nuestra voluntad subyugada a intereses ajenos que nos seducen, condicionándonos y convenciéndonos de que ese es el camino que hay que seguir si quieres conseguir lo crees querer.

Tu alma se va a apagando… tu mente se ofusca y tu cuerpo y tu salud se resienten.

No es hasta que alguna alarma suena (algunas veces varias distintas…), cuando con suerte, te replanteas tu vida, tu existencia, tu comunión con el universo… tu FELICIDAD... quizás después de haber pasado por varias consultas psicológicas y haber ingerido pastillas con contraindicaciones y colores variados.

Curiosamente, como dicen los sabios, posiblemente la felicidad está en uno mismo. Y el quid de la cuestión es que si realmente conseguimos ese estado de gracia, lo demás ya no importa… No necesitarás un coche increíble… una casa con jacuzzi... te dará igual, estarás "desintoxicado", y por tanto, no te afanarás en ganar pasta como un poseso.

Un día un amigo te pregunta: ¿qué quieres conseguir en la vida… ? y tú respondes:

- Yo, lo "único" que quiero es ser FELIZ… (y posiblemente ya habremos dado un paso importante)

La pregunta del millón de dólares es… ¿Somos realmente conscientes de como…? ¿Conocemos el camino... o nos desviamos hace 7 cruces...?

Quizás lo más curioso del asunto es que cada cual debe conformar su receta para la felicidad, en base a su experiencia y anhelos, pero también en base a cuestiones "universales" que casi todos conocemos, pero que por alguna razón nos cuesta integrar en nuestras propias vidas, olvidándolas más de la cuenta o costándonos más de lo que nos gustaría para poderlas poner en práctica.

domingo, 22 de julio de 2012

Breve e incompleto recetario vital

Un día te levantas y te preguntas... ¿qué carajo estoy haciendo aquí...? Te encuentras "más perdido que un pulpo en un garaje". Sin destino... sin objetivos... sin rumbo... desmotivado... como un autómata integrado en una sociedad de eficiente y extrema productividad que no te da un respiro.

Quizás deberíamos pararnos de vez en cuando y preguntarnos si realmente vivimos la vida de forma consciente, o nos limitamos a existir inconscientemente en ella.

Me gustaría revisar, aunque sea a modo de nota metal, algunos aspectos que quizás puedan ayudar a plantearnos algunas cuestiones o resolver otras... Seguro que se quedan muchas cosas atrás, seguro que muchas son discutibles e imprecisas (podemos hablar sobre ellas), pero quizás, con suerte, alguna nos lleve a algún sitio, y quien sabe, igual seguimos reflexionando sobre más cosas más adelante.

Comencemos...

No pelearse con la vida... Fluir


Hay que dejarse fluir. No empeñarse en comprender la vida... sino vivirla.

Deberíamos ser capaces de integrarnos en nuestra propia vida, siendo parte de ella, aceptando lo que pasa y haciendo lectura positiva de lo que acontece. Aceptar no implica rendirse, es saber adaptarse.

Qué peligro cuando empezamos a rasgarnos las vestiduras al mismo tiempo que gritamos... ¿por qué...?

No olvidemos que se aprende más de los fracasos que de los éxitos, y que las situaciones que realmente nos ponen a prueba como persona son habitualmente las más inesperadas o las que menos nos gustan.

Me quedo con la magnífica frase de Randy Paush:

"Experiencia es lo que consigues cuando no obtuviste lo que querías."

Como decía el viejo proverbio... "¿Mala suerte, buena suerte... quien sabe?". Lo que nos pasa no es ni bueno ni malo... es como lo veamos, como lo interpretemos. Bueno y malo, muchas veces, son dos grandes engaños totalmente impuestos y dependientes del entorno en el que nos hemos criado. Y lo que hoy parece malo, puede esconder una gran oportunidad o ser la antesala de algo mucho mejor.

Deberíamos procurar adaptarnos a las circunstancias en lugar de perder todas nuestras energías en luchar contra ellas, sobre todo, si no tienen solución o no está en nuestra mano. ¿Acaso el agua de un río se para cuando encuentra una piedra en su lecho...?

"Be water my friend" ("Sé agua, amigo mío")

Ni ayer, ni mañana... Hoy


Ser conscientes de un destino elegido y guiar nuestra vida en base a nuestros anhelos es importante. No deberíamos renunciar a aquello que vemos lejano simplemente por pensar que es inalcanzable.

Sin embargo es importante saber vivir el aquí... el ahora y disfrutar el momento... paladear cada momento como si fuera el último, sin preocuparnos por un mañana incierto más de la cuenta. No hay porqué ser insensatos, debemos planificar el futuro, pero una cosa es planificar, y otra cosa preocupar.

Pensemos como queremos que sea nuestro futuro, cristalicemos nuestros objetivos y pongámonos en marcha, pero una vez decidido, quizás no sea una buena idea volver a darle más vueltas de la cuenta, porque entonces posiblemente estemos cayendo en la preocupación excesiva y una buena decisión ya no nos parezca tan buena.

Debemos ser conscientes de que hay multitud de variables que desconocemos o no tenemos poder sobre ellas, por lo que siempre va a existir un margen de incertidumbre que debemos aceptar, para no caer en la obsesión por el futuro.

No caer en la melancolía del momento pasado, la vergüenza del momento pasado, el trauma del momento pasado... por una sencilla razón... porque ya ha pasado. Igual que "agua pasada no mueve molino", no dejemos que los ecos del pasado condicionen nuestra vida. Cada nuevo día tenemos una nueva oportunidad para reinventarnos, ser la persona que queremos ser, hacer lo que queremos hacer, aprender nuevas cosas y disfrutar el momento.

Decía el Dalai Lama: 

"Tan solo hay dos días en el calendario en el que no puedes hacer nada, ayer y mañana."

Actitud


Hay gente que le encanta gruñir... les encanta tener problemas y contarlos a los demás (verdaderos vampiros energéticos...), y vanagloriarse de lo desgraciados que son, la mala suerte que han tenido en la vida o lo enfermos que están (siempre más que los demás, por supuesto...). Irían a un entierro y sentirían envidia por el fallecido.

Creo que estamos de acuerdo en que con esta actitud es muy complicado ser feliz. En estos casos realmente hace falta un gran trabajo interior para cambiar este tipo de comportamientos. Es una cuestión de actitud... no podemos pretender cultivar una gran vida interior o tener buenos amigos, si no somos capaces de estar a gusto ni con nosotros mismos.

Cambiemos el chip, centrémonos un poquito más en las cosas buenas que nos suceden, en lugar de repasar una y otra vez aquellas que no asumimos. Seamos positivos, pensemos que hoy va a ser un gran día, y probablemente así lo será...

"Si sonríes al espejo, el espejo te devuelve una sonrisa".

No ser mártires crónicos


Hay que saber disfrutar. La vida no es solo sacrificio. El sacrificio dignifica al hombre y forja el espíritu... pero no lo forjemos tanto que se nos rompa.

Los objetivos más deseados suelen ser los que se consiguen con más sacrificio, pero no caigamos en el error de pensar que no los merecemos una vez conseguidos.

Para bien, o para mal, todo lo que conseguimos lo merecemos, aún para aprender algo. Está ahí por algo... demos gracias por ello. Hagamos lectura positiva y procuremos disfrutar de lo que tenemos, en lugar de anhelar insistentemente lo que no.

Dependencia emocional


Estamos hartos de escuchar la expresión de "encontrar a mi media naranja"... qué bonito... y qué equivocado... Yo soy feliz, tú eres feliz... seamos aún más felices juntos. ¿Por qué sumar 1 entre los dos cuando podemos sumar 2 ?

Necesitamos que nuestra madre nos abrace, que nuestra novia nos ría, que el gato nos ronronee para ser felices... error !  Mi felicidad no se puede basar en los demás, porque entonces una falta de ellos me va a sumir en la tristeza, en la apatía, en la infelicidad.

Deberíamos poder ser felices por nosotros mismos. Mirar más hacia nuestro interior que hacia afuera. Todo lo demás, deben ser pluses de felicidad, no condicionantes para ella.

El apego


Peligroso, sobre todo a lo material. Es peligroso depender de alguien para ser feliz, aún más de algo.

Poseer no está mal... no tiene porqué ser malo. Si te lo puedes permitir, magnífico. El problema es el apego... cuando dependes de esas cosas para ser feliz. Probablemente nos estemos desviando si vemos que no paramos de adquirir cosas, que nos dan una efímera y epicúrea felicidad para luego desvanecerse y querer más... convirtiéndonos en "yonquis" consumistas y materialistas, víctimas de una sociedad que nos invita a ello vorazmente.

A veces es mejor simplificar. Desprenderse de aquello que te esclaviza... que realmente no necesitas. Es sencillo una vez se comprende... una vida simple es más fácil de mantener que una compleja, necesitamos menos energía, que podemos dedicar a otros menesteres.

"No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita".
(Agustín de Hipona, AKA San Agustín)

Finalizando (por ahora)


Probablemente la gracia del asunto esté en ese magnífico punto de debe ser mantener una motivación vital  suficiente como para que guíe nuestro destino pero que al mismo tiempo nos permita cierto grado de ecuanimidad sobre como, para encajar la posibilidad de no alcanzarlo y vivir felices con ello, sin llegar a ser unos pusilánimes.

Al principio comentábamos la frase de Randy Paush. No puedo dejar de recomendar la visualización de su inspirador vídeo ...siempre lectura positiva. Buena actitud vital sobre todas las cosas.

Se quedan cuestiones y temas en el tintero... saber decir "no",  aceptar nuestras limitaciones, equilibrar nuestra vida profesional... personal, comer sano, hacer ejercicio... y seguro que muchísimas cosas más que a buen seguro nos ayudan a ser felices. En cualquier caso, por no alargarnos más y hasta que tengamos tiempo de abordar éstos y otros temas planteo... si entendemos realmente la diferencia entre vivir y existir... y qué nivel de consciencia tenemos en nuestra propia vida.

"La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes."